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Aportes mexicanos a la gastronomía mundial


De una monografía de Monserrath Carranza
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Los productos que ha dado México al mundo.

¿Puedes imaginarte al mundo sin el chocolate?, ¿o la famosa y sabrosa pizza sin la salsa de tomate?
Pues estos y muchos más son productos que ese país majestuoso y lleno de tradiciones e historia ha aportado al mundo.

Entre ellos están el aguacate, el ajonjolí, la calabaza, el chayote y muchos más, algunos muy conocidos y otros no tanto.

Hombre de Tepexpan

Habitante prehistórico

Doce mil años antes de Cristo, existía, en lo que hoy se conoce como México, el hombre de Tepexpan, así llamado por el lugar donde fue hallado su esqueleto fosilizado. Este hombre ya conocía las técnicas de recolección de plantas silvestre, entre las que destacaba un tipo de maíz de tallo corto y con granos flojos y floreados. La necesidad de proveerse de carne fresca en abundancia le obligaba a una indiscriminada cacería de cuanto animal se pusiera al alcance de sus armas, lo que provocó una sensible disminución en el número de los grandes animales que poblaban la tierra en aquella época. Afortunadamente, cuando el período glacial empezó a alejarse hacia el casquete polar y dejó al descubierto tierras antaño sumergidas, aparecieron nuevas especies de caza menor y de pesca, por lo cual aquellos hombres primitivos pudieron prestar especial atención a ésta última, sobre todo en las costas de lo que hoy conocemos como el Océano Pacífico.

Con el descubrimiento de la agricultura, el hombre perdió sus costumbres nómadas y estableció su residencia en los valles, cerca de los ríos, mares y lagos. Su mayor capacidad intelectual y de observación le permitieron mejorar, mediante el cultivo, los productos silvestres.

Y así, el hombre de Tehuacán, así llamado por haberse encontrado sus restos cerca de dicha población, y que habitaba México 6000 años antes de Cristo, logró obtener diferentes clases de chile y domesticar el maíz silvestre, a base de abonarlo con cenizas y excrementos, con lo cual obtuvo una planta más grande y con un grano más consistente. También cultivaron el maguey, los nopales y una gran variedad de raíces y frutos. En lo que se refiere al frijol, no sólo conocían esa planta, sino que, para facilitar su crecimiento, utilizaban las cañas de maíz como enredaderas.

Otomí

Hacia los 4000 años antes de Cristo, México sufrió la primera invasión de su territorio. Hordas salvajes, originarias del continente asiático y que habían llegado a Alaska procedentes de Siberia a través de lo que hoy es el estrecho de Bering, entraron al país precisamente por entre las dos cadenas montañosas que forman las sierras Madre Oriental y Occidental. Se trataba de cazadores - recolectores nómadas, que en la busca de mejores climas y medios de subsistencia llegaron hasta el valle de México. De rasgos mongólicos y pertenecientes a diferentes subtipos de la raza amarilla, los otomíes (tal era el nombre de dichas tribus) no conocían la agricultura y se alimentaban únicamente de frutos silvestres y de los animales que cazaban. Sin embargo, se les atribuye la invención del pulque, inspirada por un pequeño roedor al que veían rascar con sus uñas las pencas del maguey para sorber ávidamente el jugo que salía.

Nahoas

Mil años después se produce la segunda invasión del territorio mexicano. Otras tribus nómadas, los nahoas, penetraron a través de la faja de tierra comprendida entre el mar y la sierra Madre Occidental, y se establecieron tanto en tierra firme como en lagos y lagunas a lo largo de todo el territorio que hoy ocupan los estados de Sonora, Sinaloa, Nayarit, Jalisco y Michoacán. Dicho pueblo, a diferencia de los otomíes, estaba perfectamente organizado, siguiendo el modelo patriarcal de familia, y aunque eran diestros en la caza, también conocían la agricultura y el cultivo del maguey y la destilación del mezcal. Su alimentación incluía iguanas, miel silvestre, pinole, tunas, maíz, calabazas, frijoles y peces. Aprendieron a obtener la sal marina, que utilizaban para la salazón y conservación de la pesca, así como para la confección de unos panes especiales que constituían su principal mercancía de trueque con los pueblos del interior.

Descubrieron además el tallado de las piedras preciosas y el uso de algunos metales como el cobre y el oro. Todo ello, unido a su carácter pacífico y a un gran sentido humano, les ayudó a sentar las bases de una sociedad donde comer y beber dejó de ser una simple necesidad para convertirse en motivo de celebración y placer.

Mayas

Durante su peregrinar por el territorio mexicano, otomíes y nahoas confluyeron en el sur, donde se encontraron con un extraño pueblo que había emigrado desde las tierras circundantes al trópico de Cáncer: los mayas. Agricultores por excelencia, ya conocían el uso de la azada, la pala, las picas, las raspadoras, las azuelas y las cuchillas de arado. Su alimentación se basaba en el maíz y los frijoles, e incluía además vainilla, coco, nueces y cacao; contaban también con la caza de venados, jabalíes y liebres, así como de tórtolas, faisanes y muchas otras aves.

Para preparar la carne hacían un hoyo en la tierra, de un metro de profundidad por medio metro de diámetro; después de alisar bien sus paredes con barro, encendían en el fondo una fogata con leña seca y colocaban algunas piedras porosas encima. Transcurridas tres horas retiraban los rescoldos de la fogata, pero dejaban las piedras, con lo cual el hoyo quedaba convertido en un horno muy caliente. En ese momento tapizaban sus paredes con pencas de maguey y utilizaban sus puntas para envolver la carne que, ligeramente adobada, habían colocado sobre una parrilla. Finalmente, cubrían todo con una tapa de madera y ponían sobre ella más tierra y más leña para alimentar un fuego exterior. Al cabo de seis horas, apagaban el fuego, con lo cual la carne, después de ser salada, quedaba lista para llevarse a la mesa.

Como es natural, los mayas conocían también el pulque, pero gustaban más de una delicada bebida hecha a base de cacao y maíz. Era tanta la importancia que daban al cacao que utilizaban su grano como moneda para las transacciones comerciales.

El Imperio Maya alcanzó un esplendor inusitado y extendió su influencia hasta territorio centroamericano. Sin embargo, hacia el año 1400 de nuestra era desapareció por completo en situaciones que podríamos llamar extrañas y hasta misteriosas.

Aztecas

Mientras tanto, habían surgido nuevos pueblos a lo largo de la geografía mexicana, producto de la mezcla entre las tribus invasoras y los diversos clanes, castas, linajes y demás progenies que habitaban el país: los chichimecas, en las tierras que habían pertenecido a los otomíes; los toltecas, en la zona que perteneció a los nahoas; y los olmecas en las costas del Golfo de México. Pero fueron los chichimecas quienes, hacia el siglo X de nuestra era, y tras derrotar al Imperio Tolteca, lograron adueñarse de casi todo el territorio mexicano.

Precisamente en ésta época, un pueblo descendiente de los nahoas y que durante siglos había vivido aislado en la costa de Nayarit, inicia lo que sería el último gran movimiento migratorio antes de la Conquista. Los aztecas, llamados así por ser originarios de Aztlán, o mexicas, por adorar como principal deidad a México, emprendieron la marcha en dirección al Lago de Chapala y continuaron rumbo al Lago de Pátzcuaro para llegar finalmente, alrededor del año 1325 de nuestra era, al Lago de Texcoco. Aquí fundaron una ciudad a la que denominaron Tenochtitlán, en honor a su gran sacerdote Tenoch, que les había guiado exitosamente en su largo peregrinar.

Así se fue formando el México de hoy. Y ahora debes conocer con más detalles cuáles fueron las comidas típicas que estas culturas consolidadas en un país aportaron a la alimentación del mundo.

Las encontrarás en:
Productos mexicanos y su aportación a la gastronomía mundial
http://www.monografias.com/cgi-bin/jump.cgi?ID=162286

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