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Un puñado de nueces al día

El vínculo saludable reconocido y atribuido a las nueces es su protección del corazón. 
Aunque son alimentos grasos, como el resto de frutos secos, el tipo de grasa que contienen es rica en ácidos grasos insaturados y mejora los parámetros cardiovasculares (colesterol, salud de las arterias e hipertensión) sin alterar ni el peso ni la composición corporal. 
El estudio Predimed (Prevención con Dieta Mediterránea) destaca que los frutos secos y el aceite de oliva virgen son los dos alimentos considerados imprescindibles para que una dieta contribuya a la reducción de los factores de riesgo cardiovascular. Al mismo tiempo, se reconoce que comer nueces es positivo en caso de diabetes, ya que la concentración de sustancias bioactivas de las nueces podría proteger contra los procesos de inflamación crónica asociados a la resistencia a la insulina y a la diabetes, e incluso, la capacidad antioxidante de sus componentes protegería frente al Alzheimer.

Por MAITE ZUDAIRE
en Eroski Consumer
26 de octubre de 2011

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Cómo preparar una rica barbacoa - Enviado por Paco

Una vez que un hombre se ha decidido a hacer una barbacoa, hay una serie de acciones encadenadas que se ponen en marcha....

1) La mujer compra la comida
2) La mujer hace la ensalada, prepara la verdura y el postre.
3) La mujer prepara la carne para la barbacoa, la pone en una bandeja junto con los utensilios necesarios y la lleva al exterior, donde el hombre ya se encuentra sentado ante la barbacoa con una cerveza en la mano.

Ahora el punto culminante de la actividad.
4) EL HOMBRE PONE LA CARNE EN LA PARRILLA DE LA BARBACOA.

5) Siguen más actividades rutinarias: la mujer lleva los platos y cubiertos al exterior.
6) La mujer informa al hombre que la carne se está quemando.
7) El le agradece esta información vital y aprovecha para pedirle otra cerveza mientras se ocupa de la emergencia.

Y ahora otro momento culminante!!!!!
8) EL HOMBRE RETIRA LA CARNE DE LA BARBACOA Y SE LA DA A LA MUJER.

9) Más trabajos rutinarios: la mujer coloca los platos, la ensalada, el pan, los cubiertos, las servilletas y las salsas y lleva todo a la mesa.
10) Después de la comida,la mujer quita la mesa, friega los platos y ... otro momento importante!!!!! :

11) TODOS FELICITAN AL HOMBRE POR SUS DOTES CULINARIAS Y LE AGRADECEN LA ESPLÉNDIDA COMIDA.

12) El hombre pregunta a su mujer qué le ha parecido el no tener que cocinar. Cuando ve que ella se abronca, llega a la conclusión de que no hay manera de complacer a las mujeres

(Enviado por Paco desde Alcorcón - Madrid)
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Receta barata sana y sabrosa: yogur casero

Mermelada, frutas frescas o un poco de azúcar son algunas de las formas básicas de consumir yogur casero.

Fuente: Eroski Consumer

El yogur es el producto coagulado resultante de la fermentación de la leche a través de una bacteria que le confiere un valor nutricional mayor a la leche. Tras esta transformación, se obtiene un producto cremoso que puede consumirse solo o como acompañante de otros platos. Para elaborar un litro se necesitan unos 150 gramos de yogur natural, un litro de leche de vaca (entera o desnatada) y dos cucharadas de leche en polvo.

Tiempo para fermentar

Se introduce la leche fresca y la leche en polvo en un cazo para que se calienten hasta el momento justo antes de hervir. Se mantiene este estado durante unos cinco minutos, tras los cuales se deja enfriar hasta que quede templado. Se vuelca la leche en un recipiente de vidrio o de barro con tapa, se agrega el yogur y se remueve de forma suave hasta que todo quede bien mezclado.

Se tapa y se deja a una temperatura ambiente de unos 25ºC durante 10 horas y se remueve de vez en cuando. Transcurridas estas horas, la leche habrá fermentado y se habrá obtenido un litro de yogur casero. Cuando esté cuajado de forma uniforme, se introduce en el frigorífico y ya se puede consumir.
Solo, con tartas o para batidos

Con el yogur ya elaborado, se puede consumir de formas muy distintas: como postre con un poco de azúcar, con la mezcla de unos trozos pequeños de frutas frescas o con un poco de mermelada. Si se mezclan a partes iguales el yogur y la mermelada y se remueve hasta obtener una crema uniforme, puede utilizarse como acompañamiento de bizcochos y tartas.

También es un buena base para la elaboración de batidos como sustituto a los calóricos helados de manera que con un yogur bien frío, zumo de frutas naturales, un poco de leche y azúcar (todo muy batido) se elaboran unos ricos batidos de yogur con frutas, sabrosos y llenos de propiedades nutricionales.

Salsas y vinagretas

El yogur también puede utilizarse para aligerar salsas como una crema de queso al roquefort a la que se le añade una cucharada pequeña de yogur para suavizar un poco su intenso sabor; también puede servir como salsa útil para carnes y pescados a la plancha como es la resultante de triturar un tomate de ensalada con un diente de ajo, un chorrito de aceite de oliva y unas cucharadas de yogur hasta crear un salsa cremosa y con un sabor mediterráneo.

También se puede utilizar el yogur para enriquecer vinagretas de manera que, una vez se elabora una salsa vinagreta, se enriquece con unas cucharadas de yogur y con algún elemento más como frutos secos troceados, hierbas aromáticas como tomillo, albahaca o menta. Estas salsas acompañarán una diversa variedad de ensaladas o verduras salteadas o hervidas.
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Demasiada fructosa en la dieta: consecuencias

El consumo elevado de productos endulzados con fructosa favorece los depósitos de grasa en el hígado y altera los lípidos sanguíneos

La fructosa es el azúcar natural más dulce. Se localiza de forma natural en las frutas y en el sirope de maíz, que en un 55% es fructosa y que se emplea sobre todo como ingrediente edulcorante en alimentos procesados (bebidas azucaradas, bollería, cereales del desayuno o galletas, entre otros). Hace unas décadas, la fructosa estaba presente en la dieta de forma muy minoritaria, ya que solo procedía del consumo de fruta y de algunas hortalizas. En Estados Unidos, a principios del siglo XX se consumía una media de 15 g/día de este azúcar. Hoy en día, esta cantidad se ha multiplicado por cuatro o cinco, debido a su omnipresencia en productos endulzados con fructosa. Algunos estudios indican que alrededor del 10% de la ingesta energética diaria proviene de la fructosa.

Por MARIA MANERA
Última actualización: 19 de octubre de 2011
Eroski Consumer

El daño hepático y coronario que causaría un consumo excesivo de fructosa se explica por la manera en que se metaboliza en el organismo, según ha publicado la Escuela de Medicina de Harvard. Las células del hígado son las únicas capaces de metabolizar la fructosa. Como consecuencia de este proceso, se sintetiza grasa, que se puede acumular en este órgano hasta llegar a formar el denominado "hígado graso no alcohólico". Se calcula que alrededor del 30% de los adultos de países ricos están afectados por este trastorno. Esta cifra alcanza entre el 70% y el 90% en personas que sufren obesidad o diabetes.

Esta enfermedad hepática puede discurrir sin síntomas ni complicaciones, aunque en ocasiones la grasa acumulada puede causar inflamación y fibrosis en dicho órgano y comprometer, en estados avanzados, su normal funcionamiento. La buena noticia es que el hígado graso no alcohólico, sobre todo en los estados iniciales, es reversible. La disminución del consumo de azúcares sencillos (azúcar de mesa, ya sea blanco o moreno, miel, pasteles, bollería o bebidas azucaradas, entre otros) y, en especial, de fructosa, sería beneficioso para la prevención de este trastorno y también para su tratamiento.
Efectos del exceso de fructosa

El metabolismo hepático de la fructosa tiene efectos más allá de los descritos. Hay evidencias que sugieren que seguir una dieta alta en azúcares simples, en especial de fructosa, provoca cambios poco saludables en los niveles de lípidos en sangre. Cuando la ingesta de estos azúcares es excesiva, algo habitual, aumentan los triglicéridos y el colesterol LDL (el "malo") en sangre. Pero esto no es todo, porque también facilita la acumulación de grasa alrededor de vísceras como el corazón e incrementa la presión arterial, razones que explican el aumento del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

Estudios epidemiológicos recientes evidencian la relación entre ingestas elevadas de fructosa con una mayor probabilidad de desarrollar enfermedades coronarias y de mortalidad por esta causa.
Recomendaciones dietéticas

A la espera de más estudios clínicos que diluciden las causas concretas de estos hallazgos, parece sensato recomendar una disminución del consumo de azúcares simples y, en especial, de fructosa. Eso sí, no a costa de fruta fresca, que aporta múltiples beneficios nutricionales y supone una fuente poco importante de fructosa. Conviene recordar que los alimentos que más contribuyen a su ingesta son los productos dulces procesados.

Los mismos consejos que da la Asociación Americana del Corazón para evitar la ganancia de peso corporal y la alteración de los perfiles lipídicos sanguíneos son válidos para proteger el hígado y las arterias de los daños de la fructosa: limitar las bebidas azucaradas, pasteles y bollería, postres dulces, galletas y la mayoría de cereales del desayuno, entre otros.

OTRAS CONSIDERACIONES

Es cierto que la fructosa goza de una respuesta glucémica pospandrial menor, es decir, en comparación con otros azúcares como la sacarosa o la glucosa, provoca un aumento de azúcar en sangre más moderado tras su consumo. Este hecho, que podría verse como una ventaja para las personas que padecen diabetes mellitus, no lo es en absoluto. Tanto la Asociación Americana de Diabetes como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) alertan de que ingestas elevadas de fructosa pueden conducir a complicaciones metabólicas como dislipemia, resistencia a la insulina y un aumento de las reservas de grasa en los órganos.

Por ello, conviene que las personas con esta enfermedad no abusen de productos etiquetados como "aptos para diabéticos" o "sin azúcar", ya que pueden contener fructosa en sustitución del azúcar común. La educación alimentaria del paciente con diabetes y el hábito de leer el etiquetado son las mejores armas para evitar consumir alimentos poco recomendables para estas personas.

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